Chile ajusta sus cuentas con la tecnología blockchain

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La cuadratura del círculo es imposible, o eso se dice; y, si no, que se lo pregunten a cualquier institución o empresa, contable o fiscal, del mundo mundial, que especialmente en estas fechas se enfrenta desesperadamente a ello: a ajustar cobros y pagos en un esfuerzo eterno e inútil por que todo cuadre al céntimo.

Esta vieja aspiración del universo contable es uno de esos espacios para los que la tecnología blockchain parece hecha a medida. Los registros inmutables, compartidos, inmediatos y verificables de la DLT son la esencia teórica de cualquier libro mayor contable; no en vano la DLT es también conocida como “contabilidad distribuída”. Estamos ante uno de los casos de éxito más claros y seguros de las cadenas de bloques.

logo TGR

En Criptonoticias se hacían eco recientemente de la web del Gobierno Digital chileno, una división del Consejo de gobierno del país, que informaba del proyecto: crear un sistema automático de cuadratura de las cuentas tributarias del Estado. Sin duda, facilitará enormemente la vida a la TGR (Tesorería General de la República), los actores implicados en cobros y pagos y, por supuesto, a los contribuyentes.

Control tributario fiable, transparente, seguro… ¡y más barato!

A día de ayer, la cosa funcionaba más o menos así: el pechero ordena al banco el pago de un impuesto, que va a parar al gobierno municipal de turno; a fin de mes, la TGR hace balance. Y es muy difícil que todas las cuentas cuadren perfectamente. Mediante la tecnología blockchain, toda transacción se registrará de forma inmediata, unívoca y accesible para todos.

Además, como ya hemos visto al hablar de contabilidad, identidad digital o seguridad, se agilizan los procesos de verificación, auditoría y control, y en consecuencia se abaratan costes, por lo que el beneficio para las arcas públicas (y los que las alimentan) es doble: cuentas claras y menos esfuerzos (en tiempo y dinero) para conseguirlo.

Este tipo de proyectos pone de relieve que, en muchos casos, los gobiernos de América Latina están haciendo un esfuerzo evidente por ponerse a la vanguardia mundial en cuanto a la aplicación de tecnologías emergentes se refiere. De paso, dejan en evidencia a sociedades con el vicio malsano de mirarlas por encima del hombro, incapaces de tomar iniciativas de este calado. Para mirárselo.

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